La mayoría de la gente le habla a un modelo de lenguaje como si fuera un buscador: tres palabras y esperar. Luego concluye que la herramienta no sirve.
El modelo no es un buscador. Es más parecido a un pasante muy rápido, muy leído y sin contexto: hace exactamente lo que le pidas, y si le pides poco, entrega poco.
Los cuatro elementos de una buena instrucción
Contexto
Quién eres, para quién es, qué se ha intentado antes. El modelo no sabe nada de tu situación salvo lo que le cuentes. «Escribe un correo» y «escribe un correo a un cliente que lleva dos meses sin pagar y con quien quiero mantener la relación» producen cosas completamente distintas.
Tarea
Qué quieres exactamente. Un verbo claro: resume, compara, reescribe, clasifica, redacta. «Ayúdame con esto» no es una tarea.
Formato
Cómo lo quieres. Longitud, estructura, tono. Si no lo dices, obtendrás el formato promedio de internet: viñetas genéricas y párrafos de relleno.
Restricciones
Qué no debe hacer. «Sin tecnicismos», «máximo 200 palabras», «sin inventar cifras», «si falta información, pregúntamela en vez de suponerla».
Lo que más rinde: dar un ejemplo
Si tienes una muestra de lo que quieres, pégala. Un solo ejemplo del resultado esperado vale más que tres párrafos describiéndolo, porque el modelo aprende el patrón directamente en lugar de interpretar tu descripción.
Esto aplica a tono, a estructura y a formato de datos. Si necesitas que te devuelva una tabla con ciertas columnas, muéstrale una fila de ejemplo.
Pedirle que pregunte antes de responder
Una de las instrucciones más útiles y menos usadas:
Antes de responder, hazme las preguntas que necesites para hacerlo bien.
El modelo tiende a rellenar los huecos con suposiciones razonables pero equivocadas. Si lo autorizas a preguntar, te ahorra tres rondas de corrección.
Iterar, no reescribir
Cuando el resultado no sirve, el reflejo es borrar todo y empezar de nuevo. Es casi siempre peor. Es más eficiente decir qué falló: «demasiado formal», «el tercer punto no aplica a mi caso, quítalo», «buena estructura pero los ejemplos son de Estados Unidos, necesito colombianos».
Por qué funcionaLa conversación acumula contexto. Aprovecharlo es más barato que reconstruirlo desde cero.
Lo que no funciona, aunque circule
- Amenazar o presionar. «Es muy importante para mi carrera» no mejora el resultado.
- Cortesía excesiva. Los «por favor» y «gracias» no hacen daño, pero tampoco aportan.
- Las fórmulas mágicas. «Eres un experto de clase mundial con veinte años de experiencia» aporta mucho menos que una frase de contexto real sobre tu situación concreta.
Lo que sí funciona es aburrido: información específica, expectativas claras y un ejemplo.
Un antes y un después
Antes:
Hazme un resumen de este informe.
Después:
Resume este informe para el comite directivo, que no es tecnico.
Maximo 200 palabras, en tres bloques: que paso, que implica,
que decision hay que tomar.
No incluyas cifras que no esten en el texto. Si algo no queda
claro en el informe, marcalo como [verificar] en vez de suponerlo.
El segundo tarda quince segundos más en escribirse y ahorra tres rondas de correcciones. Esa es toda la diferencia.
La regla que no puedes saltarteEl modelo produce texto convincente con la misma fluidez tenga o no razón, y suena igual de seguro cuando acierta que cuando se equivoca. Para cualquier cosa con consecuencias — un dato, una cifra, una afirmación legal — la verificación es tuya. La herramienta acelera el borrador, no te transfiere la responsabilidad.
